Venezuela ¿se mimetizó en el 2022?
Primero, definamos qué es mimetizar.
Veamos un ejemplo: cuando los animales perciben peligro y
quieren pasar desapercibidos acuden al camuflaje.
Cambian su apariencia en función del contexto y de la
situación. Vertebrados e invertebrados tienen la propiedad de mimetizarse con
el entorno para pasar desapercibidos.
Desde hace algún tiempo, me topo con el hartazgo de la
ciudadanía en cada recorrido o en cada actividad de calle. Salta a la vista que
los venezolanos están hartos del conflicto político y de los enfrentamientos. Y
me llama la atención que este ánimo parece desconocer el origen del problema.
Pareciera que hemos olvidado los nombres de los verdaderos responsables de las
tragedias que nos aquejan desde 1999. Cada día veo con más frecuencia a un país
que se mimetiza… un país que quiere pasar desapercibido o que desea parecerse a
la clase dominante, aun cuando no comparta sus ideales.
Es difícil juzgar esta conducta. Ante todo, debemos
revisarnos y preguntarnos qué nos pasó. ¿Cómo juzgar a una sociedad que se
cansó de pasar hambre? ¿Cómo juzgar a una sociedad que lo dio todo sin ver los resultados
esperados? ¿Cómo juzgar a una sociedad que quiere vivir? ¿Cómo juzgar a una
sociedad que quiere cumplir sus sueños sin emigrar? Hay muchas repuestas para
estos interrogantes. En un primer impulso, me atrevo a decir que debemos evaluar
nuestro proceder como políticos.
Quizás, el origen de esta “adaptación” está asociada con nuestras
acciones y con nuestras omisiones. Me pregunto: ¿Por qué los políticos dejamos
de luchar por mejores condiciones de vida? ¿Por qué los políticos abandonamos
la lucha por salarios justos, por servicios de calidad, por justicia verdadera?
La anti política extendida debe ser un llamado a nuestra conciencia.
Debemos calibrar la brújula. Debemos evitar cometer los
errores que nos han hecho llegar a éste escenario.
Hugo Chávez Frías llegó al poder cuando yo tenía 15 años. No
conozco otro sistema político. Soy de esa generación que ha crecido en este
desastre. No conozco otra cosa. Aquella Venezuela saudita del “está barato,
dame dos”, me suena a ciencia ficción. Aquella Venezuela que ofrecía sueldos de
calidad que permitían superación, me suena a ciencia ficción.
Para la mayoría de mis contemporáneos, esa Venezuela nunca
existió. Es un recuerdo que nunca vivimos. Para cualquier venezolano del S.XXI,
comprar una casa, un carro o una nevera, es un sueño casi inalcanzable.
Considerando lo anterior, me pregunto si todo lo que hemos
vivido y lo que estamos viviendo no es suficiente para animarnos a la lucha por
el cambio político. ¿Acaso no lo hemos hecho antes? ¿Cómo salir de esta “mimetización”
que ha marcado el ritmo político de 2022? Aristóteles decía que el hombre es un
animal racional que siempre está dispuesto a aprender y a no dejarse vencer por
las dificultades. Por eso, creo que el primer paso es reconocer el problema.
Nos toca -a todos- aprender de nuestros errores y no dejarnos amilanar.
Debemos sacar a relucir nuestra herencia de lucha. Ejemplos
nos sobran. Somos una tierra de hombres y mujeres valientes. En lo personal, me
inspira Juan Germán Roscio. Lo tenía todo en contra. Siendo mestizo, no podía
entrar al sistema educativo de la época. Eso no lo frenó. Se hizo abogado, fue
diputado de la Junta del 19 de Abril de 1810 y, junto a Francisco Isnardi,
redactó nuestra acta de independencia. Hago referencia a Roscio porque los
venezolanos somos herederos de esa fuerza libertaria que en el S.XIX inundó
Latinoamérica. No nos dejemos amilanar. Tenemos ímpetu. Ganas de soñar en
grande. Y ningún grupo, aunque parezca todo poderoso, podrá vencer nuestra voluntad
de cambio. Por eso, debemos evitar ser camaleones. En lo personal, me niego a
aceptar ese rasgo de la llamada “viveza criolla”. Venezuela es el país de la gente
decente, trabajadora, honrada, noble y justa. El país de verdad, el que “somos”,
no se mimetiza.
Por eso, me niego a que nos conformemos y los invito a
asumir este imperativo histórico. Hago un llamado a todos los sectores de la
sociedad a deponer sus agendas y colocar por encima al país, a la historia, a
nuestros hijos. Las generaciones futuras nos juzgarán. Ellos deben conseguir en
nuestro país esa tierra fértil para poder ver cumplir sus sueños.
"Sólo la unidad
del pueblo y la solidaridad de sus dirigentes garantizan la grandeza de las
naciones"
ANDRÉS BELLO
Ing. Alexis Jose
Paparoni
Legislador del Edo Mérida
Presidente Primero
Justicia-Mérida

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